36: No sin bondad

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Bienvenidas y bienvenidos a NTJ o No Tenemos Jefe, el podcast donde hablamos de emprender con valores o de ser buenazos (o estarlo), ¡lo que nos dé la gana! Podemos ir de lo más técnico a lo más banal… si es que hablar de la bondad es banal.

¿Y quiénes hacemos este podcast? Pues Alberto González, Adrià Tarrida, Roberto Aresena y un servidor, Valentí Acconcia, todos emprendedores muy buenos, palabrita.

Empecemos con el tema de hoy que, como habéis podido comprobar, es la bondad y como ésta afecta a emprender.

Siempre me han dicho que soy bueno, eso no lo puede decir uno de sí mismo. Pero la verdad es que creo que tienen razón. Desde pequeñito he aguantado mucho a la gente con malicia a mi alrededor, dejándolas pasar y en ocasiones cuadrándome para que no me pisaran, pero siempre intentando actuar con bondad. ¿Por qué? No lo sé, soy así. Supongo que la educación tiene que ver mucho en ello, el darse cuenta de que actual con maldad es algo que no está en tu naturaleza.

Hay gente que dice que la maldad es innata al ser humano. La cita Homo homini lupus ya nos deja claro que desde tiempos inmemoriales la maldad del ser humano se suponía como algo habitual. Sin entrar en si ésta era adquirida o genética. Yo opino que en un entorno donde las necesidades básicas estén cubiertas, el hombre y la mujer tienden a la bondad y la colaboración. Ahora bien, cuando vienen mal dadas ya no es algo tan obvio que la gente se comporte con bondad. La supervivencia de cada uno de nosotros sí que está bien arraigada en nuestros genes. Estamos hechos para protegernos a nosotros mismos y a quienes queremos.

Pero bueno, filosofadas aparte, que para eso ya está Adrià, yo considero que ser bueno te da más cosas positivas que negativas en esto de emprender. Sin duda el actuar con bondad ha llenado mi red de contactos de gente contenta con mi trabajo e inclusos de muy buenos amigos, como los que hacemos este podcast. Eso no tiene precio. Y si el precio que tiene que pagarse es ser bueno hasta parecer tonto, pues lo pago a gusto.

Y acabo con una reflexión. No me gusta que por ser bueno me tomen por tonto. Así que siempre que la veo venir, aunque la deje pasar, suelo decirlo. Porque sí que me da rabia que quien me toma el pelo se piense que me lo está tomando, en realidad en la mayoría de ocasiones, me lo dejo tomar para no generar un conflicto innecesario. Eso sí, en muchas ocasiones hay que cuadrarse e incluso entrar en conflicto, y eso no tiene por qué significar que seas malo o actúes con maldad. Y bien, para no enrollarme demasiado, ¿qué tal si le damos paso a Adrià?

¡Vamos a por la sección de hoy!

bondad

Sección: La bondad al emprender

Últimamente estoy bastante filosófico. Después de daros la chapa sobre el Estoicismo en el último episodio que lideré (que como concluimos, se trata de estudiar al ex-futbolista búlgaro del Barça Hristo Stoichkov), hoy os voy a hablar del viejo debate de si el hombre es por naturaleza bueno o malo.

No os asustéis, la sección no va a ser nada teórica, sino práctica y espero que durante el debate podamos hacer conexiones con el tema del podcast, que como todos sabemos, es mi vida privilegiada en las Bahamas… digo emprender con principios.

Volviendo a los años 90, cuando Rob era solo un proyecto de dos jovenzuelos soñadores, yo estaba cursando COU, y mi profesor de filosofía me propuso dos filósofos con visiones muy diferentes de la naturaleza humana:

  • El filósofo inglés Thomas Hobbes que dijo que «El hombre es un lobo para el hombre» (en latín, homo homini lupus). El hombre es malo por naturaleza y es gracias a la civilización y el estado de ley y orden que no nos esclavizamos los unos a los otros y no cometemos genocidios.
  • Y el filósofo suizo Jean-Jacques Russeau que argumenta que el hombre en estado salvaje es bueno y es precisamente la civilización la que lo estropea todo y nos corrompe. Es el mito del ‘bon sauvage’ que por cierto, Russeau nunca mencionó…

Buff, los dos paradigmas pueden justificarse con miles de ejemplos, no? Ya sé que no estamos en la sección de debate, pero tengo curiosidad en saber vuestra opinión.

Recientemente mi opinión ha estado muy influenciada por, sorpresa sorpresa, un libro! ‘Humankind’ (juego de palabras porque humankind todo junto significa humanidad pero separadas se podría traducir como humano amable) con el subtítulo ‘A hopeful History’ (una historia esperanzadora). El autor es historiador holandés Rutger Bregman y la versión en español debería estar disponible en 2021.

Desviándome un poco del tema. ¿Sabéis las reseñas esas que hay en las portadas de los libros? El de Humankind tiene reseñas de Yuval Noah Harari, Stephen Fry y Matt Haig, tres de mis autores favoritos. Y yo todo orgulloso se lo comenté a mi novia a lo que me contestó: ¡pues esto significa que estás en una burbuja! ¡Tienes que salir de ella! Ah, las famosas cámaras de eco… ¡dan para escaleta y media!

En fin, volviendo al tema de que si el hombre es bueno o malo. Rutger Bregman argumenta en Humankind que el hombre es en realidad bueno y que, si es capaz de cosas horribles, es siempre con las mejores intenciones. Incluso se atreve con el Holocausto!

En el libro desmonta un montón de mitos de la literatura científica, sobre todo de los años 50, 60 y 70. En estos estudios, hay una mezcla de resultados mal interpretados, científicos un poco ególatras y periodistas con ganas de un buen titular. Al final, comentar que la mortalidad infantil ha bajado otro medio porcentaje no vende periódicos.

El libro me encantó, y al final nos deja 10 joyitas que quería comentar con vosotros. Son sus 10 normas para vivir. Valentí, pon los efectos que me pusiste la otra vez, que me encantaron:

1. Cuando dudes, asume lo mejor

Cuando no sepas qué intenciones tiene el otro, lo más realista es asumir lo mejor, darles el beneficio de la duda. Esto tiene el beneficio que, como demuestran varios estudios, cuando nosotros confiamos en los otros, esto cambia su actitud. ¿Y si nos intentan estafar? Bueno, primero de todo, un poco de sentido crítico. No caigamos en los trucos más obvios o pongamos toda nuestra fortuna en una sola apuesta! Pero en general, es mucho mejor aceptar que de vez en cuando nos van a estafar: es un precio muy pequeño comparado con el lujo de vivir una vida entera confiando en otra gente.

2. Piensa en escenarios win-win

Tenemos la gran suerte de vivir en un mundo donde hacer el bien nos hace sentir de maravilla. El autor nos cita al mismísimo Donald Trump en uno de sus libros: ‘En grandes negociaciones, tú ganas, no el otro’. Así estamos con sus políticas… en fin, que me desvío. La verdad es que una y otra vez vemos cosas como prisiones en Noruega que son a la vez más humanas con los prisioneros y más baratas. O organizaciones de cuidado de ancianos en Holanda que dan un mejor servicio a un coste menor, pagan más a sus empleados y tanto la plantilla como los pacientes están más satisfechos. En cuanto a perdonar al prójimo, pues ya lo dijo el teólogo Lewis B. Smedes: ‘Perdonar es liberar a un prisionero… y darte cuenta de que el prisionero eras tú’. Eso que se lo digan a mi ex-mujer, que a mi no me escucha…

3. Haz más preguntas

La regla de oro (no del crowdfunding, sino de la vida en general) es ‘Haz a los otros lo que quieras que hagan contigo’ se queda corta… y en realidad es un poco despótica, no? Asumes que ya sabes que es lo que la gente quiere. Es mucho mejor preguntar: a los ciudadanos, a los trabajadores de tu empresa o incluso dejar a los niños de una escuela que decidan como quieren aprender. Bertrand Russell dijo que era la regla de platino: ‘No hagas a los otros lo que querrías que ellos te hicieran a ti. Sus gustos podrían ser diferentes!’

4. Modera tu empatía, entrena tu compasión

La empatía nos deja exhaustos. Nos pone en la piel del otro y esto puede ser muy, muy duro. Estudios muestran que si ejercitamos demasiado nuestra empatía nos volvemos más pesimistas. Es mucho mejor la compasión. El autor usa esta palabra en el sentido de mantener la distancia. La otra persona nos importa. Reconocemos el problema y queremos de alguna manera ayudar, pero sin sentir personalmente el dolor y la impotencia de la situación. Es mucho más constructivo y saludable. Como ejemplo: si tu niño tiene miedo de la oscuridad, no vamos a encogernos en un rincón de la habitación con él y empezar a gemir de miedo – esto sería el equivalente a la empatía. Por el contrario, vamos a intentar calmarlo y consolarlo. Esto sería compasión. Y al parecer, meditar puede ayudarnos a cultivar la compasión – si dedicamos tiempo a cuidar nuestro cuerpo, ¿por qué no dedicar tiempo a nuestra mente?

5. Intenta entender al otro, aunque no compartas su punto de vista

Hay muchos estudios que demuestran que a veces no somos muy racionales con nuestras decisiones… ¡pero no subestimemos nuestra capacidad de raciocinio! Aquí Rutger argumenta que podemos entender la mentalidad de un fascista, un terrorista o incluso un amante de la película Love Actually sin tener que apuntarnos al carro de los fascistas, terroristas o amantes de películas románticas de color pastel. Y cuando más necesitamos esta habilidad es para suprimir nuestro deseo de ser majetes. Cuántas veces no hemos hablado de una injusticia para no ser vistos como desagradables, o nos hemos tragado nuestras palabras para que haya paz. O hemos acusado a los que luchan por sus derechos de alterar la convivencia… Esta es la paradoja del libro: argumenta que hemos evolucionado para ser sociales y a veces nuestra sociabilidad es el problema. Mucha gente que ha sido revolucionaria han sido vistos como predicadora y antipática. Rutger nos invita a apreciar a esta gente porque son clave en el progreso.

6. Ama a los tuyos como otros aman a los suyos

Como humanos, estamos programados para diferenciar. Nos importan màs las vidas de la gente como nosotros. Ya pueden morir miles de personas en una catástrofe, que como haya 2 españoles, nos vamos a cansar de oír su historia en las noticias. Tenemos favoritos. No es algo de lo que tengamos que avergonzar. Pero debemos entender y recordar que todos los desconocidos también tienen familias a las que quieren. Que son tan humanos como nosotros.

7. Evita las noticias

Las noticias (esto no es noticia, hehe) nos dan una visión muy sesgada de la realidad. Generalizan poniendo gente en grupos de ‘buenos y malos’ y se enfocan en las ‘manzanas podridas’. Lo mismo pasa en las redes sociales: los algoritmos optimizan para captar tu atención y los titulares clickbait acaban siendo los más populares. La recomendación del autor: nada de tele o push notifications. Lee información de calidad (que probablemente tengas que pagar – yo leo The Economist y Quartz). Deja las pantallas y conoce a gente (aunque ahora la manera de conocer a gente sea a través de pantallas). Medita qué información metes en tu mente de la misma manera que meditas qué comida comes (o al menos eso espero!).

8. No des puñetazos a Nazis

Si ves las noticias te entran ganas de dejar de reciclar o de llevar mascarilla. Total, si no lo hace todo el mundo, porqué lo tengo que hacer yo. Pero el cinismo (uno de los temas principales del libro) es simplemente otra palabra para la pereza. Es una excusa para no tomar responsabilidad. Porque si crees que la mayoría de gente está podrida, no te tienes que enfadar por las injusticias. El mundo se va a la mierda de todas maneras. Hay otro tipo de activismo que se parece sospechosamente al cinismo. El activista que solo se preocupa por su imagen. Cuando hay noticias del tipo ‘el cambio climático es peor de lo que pensábamos’ o ‘el coronavirus ha provocado muchas más muertes de las contadas oficialmente’ se alegra porque confirma su visión. Rutger nos comenta que hay otra manera. Si damos puñetazos a los Nazis, sólo les damos excusas para que se radicalicen aún más. Tender la mano a los radicales es la mejor manera de traerlos a nuestro lado.

9. Sal del armario: No te avergüences de hacer el bien

En general, en el mundo occidental nos avergonzamos de haber hecho algo bueno. Siempre buscamos una excusa. Es normal, en una sociedad que asume (erróneamente) que todos nos movemos por motivos egoístas, el hacer el bien porque sí es sospechoso. Pero si nos ‘disfrazamos’ de egoístas, confirmamos a los cínicos de que tenían razón. Y peor aún, escondemos ejemplos para la otra gente. La verdad es que la bondad se contagia, como demuestran muchos estudios científicos. Es nuestra responsabilidad que se sepa que nuestra actitud es la de hacer el bien por defecto.

10. Sé realista

Qué pena que la palabra realista esté asociada con el cinismo y el pesimismo. Rutger nos invita a cambiar el punto de vista. En realidad es el cínico el que no lo ha pillado. El libro entero está lleno de ejemplos de que el mundo está lleno de gente que hace el bien. Rutger nos anima a tener coraje, confiar en la gente, hacerlo a la luz del día. De no tener miedo a ser generoso. Quizá, como decía Val en la intro, se nos tilde de crédulos y naifs, pero la historia nos demuestra que las cosas que se consideran naifs en un cierto momento, son sentido común en un futuro no muy lejano.

Debate y preguntas

  • ¿Qué os han parecido estas recomendaciones de Rutger Bregman? ¿Es un pardillo?
  • ¿Cómo cambia nuestra manera de emprender si asumimos que la gente es buena?
  • ¿Qué empresas creéis que van asumiendo esta bondad en el mundo?
  • ¿Alguna vez os habéis sentido tontos por ser buenos?

Enlaces de interés

Cierre

Gracias por estar ahí, al otro lado del micro. Nos despedimos hasta el miércoles que viene a las 12:12 horas. Aunque nos podéis escuchar cuando os dé la gana, que para eso esto es un podcast.

¡Hasta el miércoles que viene os deseamos muy buenas y creativas jornadas!

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