Episodio 79 – Cómo afrontar conversaciones difíciles –2–. Tu diálogo interno.

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Por Óscar Fernández Orellana - Interacción Humana S.L. and Óscar Fernández Orellana descubierto por Player FM y nuestra comunidad - los derechos de autor son propiedad de la editorial, no de Player FM, y el audio se transmite directamente desde sus servidores. Presiona el botón de suscripción para rastrear cambios en Player FM o pega el URL del feed en otras aplicaciones de podcast.

Bienvenid@ al capítulo 79 de CLQTD, el podcast en el que tratamos todas aquellas cuestiones relativas al mundo de la persuasión, el hablar en público y, en general, ya lo sabes, las habilidades comunicativas necesarias para influir e impactar en los demás.

Hace un par de episodios, en el capítulo 77, comenzamos una serie de programas dedicados a cómo afrontar una conversación difícil y hoy vamos a seguir con el tema.

En concreto, en este episodio 77 del que te hablaba, definí qué era una conversación difícil y cuáles eran los 4 errores principales que cometemos cuando las afrontamos.

No voy a volver a entrar en esta cuestión porque está suficientemente explicado en el episodio, así que, si no lo has escuchado, te recomiendo que lo hagas, porque estoy convencido de que te va a ofrecer una panorámica general de este asunto.

Como te digo, hoy vamos a seguir con este asunto y de lo que primero te quiero hablar es de… esa voz que escuchas en tu cabeza… Sí, porque, no sé si te has dado cuenta pero en tu cabeza oyes voces; … voces que te dices cosas … voces que te hablan, sí… y que por tu bien espero que sea la tuya.

En el caso de que no sea tu voz, en el caso de que te hable, por ejemplo, Napoleón o algún ser de Raticulín, Houston, tenemos un problema, aquí ya estaríamos hablando de un problema mayor, bastante serio y de índole psiquiátrica.

Pero no, afortunadamente, no es que seas una persona con una psicosis, sino que todos nos hablamos a nosotros mismos a través de nuestro diálogo interno, nuestra voz interior que, por cierto, algunas personas llaman directamente, pensamiento.

Vale, y a lo mejor te preguntas qué narices tiene que ver nuestro diálogo interno con las conversaciones difíciles y la respuesta es que … mucho y verás por qué.

Quédate con esta idea. La persona a la que más crees de este mundo, la persona a la que más caso haces, aquella a la que más sigues acríticamente es… a ti.

Y la voz que más escuchas, la que más te persuade, la que más te convence es… la tuya, tu diálogo interno.

Y esto ocurre, fundamentalmente por una razón y es que la mayor parte del tiempo tu diálogo interno permanece fuera de tu atención consciente.

Es decir, que no te das cuenta de que te hablas y, ni mucho menos, eres consciente de las cosas que te dices y eso quiere decir que el contenido de lo que te cuentas, lo que te explicas a ti mismo o a ti misma, no pasa por el juicio crítico de tu conciencia.

De hecho, déjame que haga un pequeño paréntesis para decirte que ese es uno de los secretos de la hipnosis cuando se utiliza terapéuticamente.

Resulta que durante el proceso de trance hablamos, para que me entiendas, al inconsciente de la persona o, como yo digo, le hablamos al jefe.

Así que, al prescindir, de alguna forma y entre comillas, de la parte consciente, evitamos todas las barreras y los juicios críticos que pueda hacer el cliente. Porque es nuestra mente consciente, precisamente, la que realiza juicios y también, la que levanta barreras ante lo que no le gusta.

Por eso la hipnosis, bien hecha, por supuesto, es tan efectiva, porque, de alguna manera, lo que hace es evitar estos palos en la rueda que puede interponer la conciencia y que hace que algunas intervenciones fallen.

Por cierto, si te gusta este tema de la hipnosis o si tienes curiosidad acerca de ella, tienes a tu disposición el programa 62, en el que Dana Constantin y yo estuvimos hablando un buen rato sobre esta disciplina intentando, entre otras cosas, desmontar todos los mitos y errores que hay alrededor de ella.

Cierro paréntesis, dejemos la hipnosis y volvamos al diálogo interno. ¿Cuál es la consecuencia de todo lo que te acabo de explicar? Pues, sencillamente, que te crees a pies juntitas todo lo que te dices.

Así que, para que luego digas que no eres una persona persuasiva.

Diálogo interno y conversaciones difíciles.

Llegados a este punto, igual te estás preguntado que qué tiene que ver tu diálogo interno con las conversaciones difíciles, ¿verdad? Pues mucho. Verás.

Imagina que tienes que afrontar una conversación complicada con un compañero de trabajo que no te cae muy bien precisamente. Imagina que quieres decirle que estás disconforme con él porque consideras que no ayuda lo suficiente y que no trabaja bien en equipo.

Resulta que mientras recuerdas que tienes que hablar con él, te vas diciendo cosas como «es que pasa de todo», «es que siempre hace igual», «es que es la persona menos colaboradora de todos», «es que estoy harto o harta de tener que hacer su trabajo y que al final cobremos todos lo mismo»… y todo aquello que se te vaya ocurriendo.

Pues bien, es materialmente imposible que esto que te dices no te condicione a la hora de afrontar la conversación y, en este caso, no creo que te condicione para bien, sino todo lo contrario.

Pero es que, todavía hay más. Tu diálogo interno se mantiene durante la conversación real que mantienes con la persona. Es como si sostuvieses dos conversaciones a la vez, la, digamos, externa con tu interlocutor y la interna contigo mismo/a.

Por cierto, eso lo hacemos hombres y mujeres. ¡Para que luego digan que los hombres no podemos hacer dos cosas a la vez!

¿Cómo sería la cosa? Pues, como siempre, vamos con un ejemplo.

Externamente dices algo como: «Mario, quiero hablar contigo porque hay un tema relacionado con nosotros que me preocupa».

Mientras que internamente te dices: «A ver si de una puñetera vez te enteras de lo que pasa».

Continúas; externamente dices: «Pienso que la carga de trabajo entre tú y yo está desequilibrada».

E internamente piensas: «Eres un pasota y tengo que hacer tu trabajo y el mío».

¿Ves cómo funciona la cosa?

Y una vez más. ¿cuál de las dos conversaciones crees que te va a condicionar más? Ya lo hemos dicho, ¿verdad? Nuestra conversación interna.

¿Qué podemos hacer?

De acuerdo, y ¿qué podemos hacer? ¿Podemos eliminar el diálogo interno? ¿Hacemos meditación o mindfulness hasta acallar nuestra voz interior?

Pues, desgraciadamente, eso no se puede conseguir, no puedes eliminar tu diálogo interno. Por muchas milongas que escuches por ahí, el único momento en el que tu diálogo interno dejará de estar operativo es cuando todo tú dejes de estar operativo, no sé si me explico.

Pero el hecho de que no puedas eliminar tu diálogo interno no significa que no puedas alterarlo o que no puedas restarle poder. Eso sí que puedes hacerlo. Como también puedes enlentecerlo o cambiarle ciertas características para que moleste menos y te ayude más, aunque volveríamos a hablar de la hipnosis o de la PNL y eso queda fuera de este programa.

En nuestro caso y por lo que respecta a las conversaciones difíciles, lo que te conviene hacer es tomar conciencia de este diálogo interno que mantienes contigo; es decir, darte cuenta de qué te dices y de cómo lo que te dices te está condicionando emocional y conductualmente.

En el ejemplo que ponía antes, es fácil intuir que si piensas que Mario es un caradura y una persona que no sabe trabajar en equipo, el tipo de emociones que tendrás cuando vayas a hablar con él serán más bien desagradables y eso, necesariamente, tendrá un reflejo en tu comunicación no verbal.

Por ejemplo, se va a notar en los rasgos de tus expresiones faciales, en las características de tu voz, en tu postura corporal, en la proxemia, es decir, en dónde os colocáis físicamente el uno respecto del otro, etc.

Lo que va a ocurrir también es que vas a tener que hacer un esfuerzo mayor para guardar las formas y no reaccionar inadecuadamente.

¿Qué es posible que perciba Mario de todo esto? Pues por un lado, tensión en ti y por otro, que lo que dices suena impostado, como esas conversaciones en las que notas que la persona guarda las formas pero por debajo percibes enfado.

A su vez, esto va a provocar que Mario se ponga a la defensiva, tú lo vas a percibir también y se va a generar un bucle de corriente subterránea un tanto desfavorable a la hora de tratar la cuestión.

Insisto en que no es posible eliminar el diálogo interno pero tomando conciencia de él y de cómo te está condicionando, sí que vas a conseguir que pierda fuerza.

Fíjate que, al final, lo que estás haciendo es pasar a tu conciencia información que antes estaba oculta y trabaja sobre ella.

En nuestro ejemplo, si identificas los mensajes que te dices acerca de Mario y del tema en cuestión, puedes relativizarlos; o puedes distanciarte emocionalmente de ellos; o incluso, puedes contrastar hasta qué punto son verdad o son exageraciones. Es decir, puedes hacer muchas cosas para tener a raya a este tipo de diálogo pernicioso.

La pendiente resbaladiza.

Otra de las cuestiones muy importantes a la hora de tratar conversaciones difíciles tiene que ver con algo que yo llamo pendiente resbaladiza.

¿Esto qué es? Pues es un fenómeno relacionado con nuestro diálogo interno pero que, además, nos genera una carga emocional y una distorsión enorme a la hora de analizar la situación.

Básicamente consiste en enjuiciar a la otra persona, no teniendo en cuenta los hechos que no nos gustan, sino a partir de las sucesivas interpretaciones que hago de estos hechos.

Siguiendo con nuestro querido Mario. Imagina que hoy tienes una carga de trabajo muy grande en el proyecto ese que compartes con él. Vas con la lengua fuera y sabes que, seguramente, vas a tener que alargar la jornada una hora más, como mínimo.

Pues resulta que llega la hora de marchar y Mario apaga su ordenador, se levanta y se marcha, mientras que tú te lo quedas mirando fijamente y lo único que sale de tu boca es un, «vale, adiós».

¿Qué hace tu diálogo interno? Pues algo similar a lo siguiente:

– «Qué caradura, ya se ha vuelto a escaquear otra vez. Solo le interesa lo suyo, va a su bola. Eso es porque es un caradura que pasa de todo y el jefe se lo permite. Siempre igual, al final yo me cargo con todo el trabajo. Pues hasta aquí. Si él pasa de todo, yo también».

No me digas que nunca has vivido una situación como ésta.

Fíjate, hemos pasado del hecho en sí, de lo que realmente te molesta, que es que se vaya, a tomar una decisión en base a la interpretación que haces del hecho de que se vaya, pasando por una serie de generalizaciones y de atribuciones de causa.

Vamos a verlo con un poco más de detalle. Cuando dices, «qué caradura, ya se ha vuelto a escaquear otra vez», eso no es un hecho, es una interpretación que haces del hecho. Y, ojo, no estoy diciendo que no tengas razón, lo que digo es que estás dejando de lado el hecho en sí para centrarte en el juicio que haces de Mario.

Lo mismo ocurre cuando dices que «solo le interesa lo suyo». Aquí lo que haces es directamente lo que se llama una lectura de mente, es decir, te metes en su cabeza y sabes lo que piensa casi mejor que él.

Cuando dices «eso es porque es un caradura que pasa de todo y el jefe se lo permite», estás atribuyendo una causa al comportamientos de Mario, pero una causa basada en tu propia interpretación de los hechos.

Más cosas; cuando dices «siempre igual, al final yo me cargo con todo el trabajo» estás generalizando la conducta de Mario. Esto te debe sonar porque es habitual en las discusiones domésticas, el siempre, nunca, etc.

Las generalizaciones lo que provocan es que la persona que la recibe no tenga posibilidad de escapatoria porque, en el fondo, le estamos diciendo que siempre lo hace mal o nunca lo hace bien. Ya sé que seguramente no es tu intención, pero es lo que se desprende de tus palabras.

Y finalmente, acabamos con una declaración de intenciones como es que «si él pasa de todo yo también» que se deriva de todo esta pendiente resbaladiza que hemos montado en nuestra cabeza.

Conclusión.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Pues a lo siguiente: cuando afrontas una conversación difícil tienes que intentar por todos los medios centrarte en la conducta concreta que te molesta, aquello que no te gusta y que quieres que la otra persona deje de hacer o bien en aquella conducta que no realiza que que, precisamente, quieres que haga.

Todo lo que no sea eso, provocará que te centres en la persona en vez de en sus actos y la consecuencia inmediata es que tu interlocutor se defenderá.

Al final, insisto, todo se reduce a que hay una o varias conductas de tu interlocutor que quieres que deje de hacer o bien, uno o varios comportamientos que tu interlocutor no hace y tú quieres que haga. Todo lo que se salga de ahí lo que va a hacer es embarrar la conversación y centrarla en algo que no te interesa.

Claro, esto es importante y complejo a la vez porque, en ocasiones, es verdaderamente difícil ser tan concretos. Piensa en nuestro ejemplo con Mario. Lo fácil es ser generalista, decirle que no sabe trabajar en equipo o que no está comprometido pero, en realidad, ninguno de estos juicios van a servir para que Mario sepa concretamente qué quieres que haga o deje de hacer.

Ser concreto sería decirle que te molestó el que se fuese a su casa mientras que tú estabas de trabajo hasta el cuello y que en otra ocasión te gustaría que te echase una mano. Esto es ser concreto y claro a la hora de expresar qué quieres que Mario haga en el futuro si se presenta una situación similar.

Vamos a hacer un pequeño resumen a modo de conclusión. Cuando tengas que afrontar una conversación difícil, antes de nada ten en cuenta estos 2 puntos.

– Primero sé consciente de cómo es el diálogo interno que tienes cuando piensas en la situación o en la persona en cuestión.

– Y segundo, define concretamente qué es lo que le vas a pedir que haga o deje de hacer, es decir, cuál es la conducta que te molesta o la que no realiza y quieres que realice.

Estos pasos forman parte de la preparación de la conversación, que junto con otras consideraciones, serán los puntos que tratemos en un próximo capítulo dedicado a las conversaciones difíciles.

De momento, lo dejamos aquí. Hasta este punto llegó el episodio 79 de «Créeme lo que te digo».

Ya sabes que mi máximo deseo es que todo esto que te cuento cada 15 días te resulte útil para ir mejorando en tu desempeño comunicativo.

¿Qué te pido a cambio? Pues no mucho, simplemente que estés ahí del otro lado y, si tienes a bien, que valores el programa con 5 estrellas en ITunes o que des un me gusta en la plataforma desde la que me escuchas, solo eso.

En 15 días nos volvemos a encontrar. Será en el episodio 8o de «Créeme lo que te digo». Sinceramente, espero que estés al otro lado.

Hasta entonces, hazme un favor, sé convincentemente feliz.

Hasta luego persuasores.

Sobre el autor: Óscar Fernández Orellana Óscar Fernández Orellana

Es psicólogo-coach, formador y asesor en comunicación persuasiva. Dirige Interacción Humana, y es autor y editor del podcast sobre persuasión «Créeme lo que te digo». También es autor de Así persuaden los líderes. Es profesor del postgrado de Comunicación Persuasiva de la Universidad de Barcelona.

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