13. Halloween 1: día de los muertos en México

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Octubre es el mes de las setas, los colores calabazas y las historias de viejas con castañas torradas. El otoño astronómico alcanza al hemisferio norte alrededor del 23 de septiembre y dura hasta el 21 de diciembre, día arriba, día abajo, con el solsticio de invierno. La tradición, sin embargo, prefiere otorgar al otoño los meses de septiembre, octubre y noviembre, del mismo modo que otorga al principio de noviembre la llegada de la oscuridad. Son muchos los pueblos que han decidido dedicar a estas fechas, arropadas por el ambiente de decadencia y silencio que produce el bosque preparándose para el invierno, al recuerdo de los que nos dejaron. Cuando el hombre se sabía parte del entorno natural, la llegada de la oscuridad, del silencio, de las hojas muertas y los ocres producían en el espíritu humano un sentir de umbral, de túnel, de pérdida y temor. El fuego del hogar se revelaba entonces como esperanza, no metáfora de la esperanza, sino herramienta imprescindible para la supervivencia. La oscuridad fue reina, señora y reguladora de la vida hasta hace apenas unos cuantos cientos de años. No fue hasta el siglo XVI que apareció lo que podríamos llamar alumbrado público en Francia. Pero los restos arqueológicos encontrados en planicies de la antigua Mesopotamia ya nos indican que hace unos 8.000 años antes de Cristo el hombre ya sentía la insoportable necesidad de iluminar la noche. ¿Quién no pensaría en la muerte cuando todo a su alrededor se adormece, los árboles abandonan sus hojas, el silencio acompaña la inundación de la inconquistable oscuridad y el frío se te mete en los huesos? Una hoguera capaz de combatir apenas unos metros de la implacable oscuridad y algo (escaso) de comer pueden hacer que la compañía de los amigos y los seres queridos se revelen como el mejor de los tesoros y el dolor de los que se fueron para no volver desvela nuestra fragilidad, nuestra total impotencia frente a la fugacidad de la vida. ¿Cómo alguien a quién hemos amado tanto puede desaparecer sin más? El hombre firma pactos con sus dioses. Ok, acepto tu veredicto incuestionable de temporalidad, pero déjame la pertenencia, permíteme alimentar la esperanza de que sólo el cuerpo morirá, de que el ser que siento palpitar a mi lado es algo más que la piel que toco. Consiente, al menos en que, como las hojas que vuelven a la tierra y se transforman para seguir siendo, yo siga existiendo más allá de la carne descompuesta, que mi ser hoja se extienda para ser árbol y luego bosque. Los ancestros, las otras hojas, las pieles que siento latir a mi lado entorno a la hoguera se vuelven entonces unidades de sentido que me tranquilizan, amplían mi vida y me ubican. Los muertos son importantes porque me permiten sentirme parte del árbol que me sostiene y me da la vida, del que yo también caeré un día, al que yo regresaré y daré sentido y la angustia existencial, siempre agazapada en mis bolsillos, se aplaca por un instante bajo el poder de sentir la compañía del otro. Compartir es el verbo que permitió al hombre convertirse en un ser social que levanta imperios. La empatía es la columna que sustenta la evolución humana. Compartimos la luz del sol y la celebramos con cantos y bailes, pero compartimos también la oscuridad y para hacerlo contamos historias donde nuestros miedos antiguos y modernos adoptan nombres y narrativas que nos hacen posible exteriorizarlos. Después, Hollywood se encarga del resto. El deseo de honrar y recordar a nuestros muertos es universal, la forma en la que lo hacemos no. Las fechas tampoco, como no lo son los rituales, la actitud, los sentimientos. Cada pueblo, cada cultura tiene una forma distinta de enfrentar a la más imposible de todas las preguntas, a la más cerrada de todas las puertas. La muerte es el único arquetipo al que no podemos aproximarnos, no podemos asimilarlo en modo alguno. La muerte es el vacío, la ausencia total de respuestas, la imposibilidad más manifiesta. Para resolverlo inventamos a Dios, a todos los dioses dándoles todas las potencialidades que la muerte nos niega, las respuestas, la eternidad, el poder… Os invito a una serie de podcasts otoñales donde vamos a descubrir algunas de esas múltiples y diferentes formas de enfrentar el cambio medio ambiental al que el invierno nos enfrenta y como perfumamos nuestras vidas con diferentes rituales tratando de evitar el angustioso olor que la parca siembra a su paso. Hoy hablamos del Día de Muertos mexicano. Y nuestra película es COCO, de Pixar (veáse Disney) Hoy también presentamos a nuestra nueva colaboradora, Diana Ruíz, una maravillosa psicóloga mexicana especializada en tanatología que va a ayudar a enriquecer el podcast y a la que os invito a enviar vuestros saludos a través de los comentarios o de la página oficial de Las Musas en Facebook donde seguiremos hablando de Halloween y os presentaremos a Diana. Feliz otoño

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