#147 Modelos Mentales 17 - Especial Incentivos: puentes romanos, Vietnam y Chiquito

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Por Jaime Rodríguez de Santiago descubierto por Player FM y nuestra comunidad - los derechos de autor son propiedad de la editorial, no de Player FM, y el audio se transmite directamente desde sus servidores. Presiona el botón de suscripción para rastrear cambios en Player FM o pega el URL del feed en otras aplicaciones de podcast.

(NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/147-modelos-mentales-17-especial-incentivos-puentes-romanos-vietnam-y-chiquito/)

El fin de semana pasado dimos un paseo por una ruta en la que hay restos de una antigua calzada romana. No lejos de allí, hay una inscripción del siglo I, que explica cómo la generosa donación de un lugareño llamado Cayo Julio Celso había permitido pavimentar los casi 12km de aquel camino. Parece ser que lo de políticos inaugurando obras y poniendo placas conmemorativas ha existido desde siempre.

Hoy sólo queda esa inscripción y unas pocas losas desgastadas. Aún así, cada vez que pasamos por allí no puedo evitar pensar cómo aquellas piedras nos unen con quienes las pusieron hace dos mil años y con todos los que desde entonces pisaron esas tierras. Y pensando en esas cosas estaba el otro día cuando me acordé de un mito que leí hace tiempo, según el cual en la antigua Roma tenían un método interesante para asegurarse de que los puentes que construían no se caerían. Cuando terminaban uno, el responsable de su construcción debía colocarse bajo el puente mientras por encima pasaban carros, unos detrás de otros. En teoría, la perspectiva de acabar sepultado bajo su propia construcción debía ser incentivo suficiente como para hacer las cosas lo mejor posible.

Investigando al llegar a casa, descubrí que aquella historia -que entre otros cuenta Taleb en su libro Antifrágil- es seguramente falsa. De hecho, a poco que uno piense, no parece muy lógica, ya que los puentes se construían normalmente para cruzar pasos de agua. Y salvo que al ingeniero de turno lo subieran a una barca, no era fácil eso de ponerse debajo. Y, además, que aguantara los primeros carros no significaba que no se fuese a caer poco tiempo después.

Pero cierta o no, tanto esa historia como la costumbre milenaria que los políticos tienen de inaugurar obras públicas guardan algo en común. Son ejemplos perfectos de una de las fuerzas más poderosas del planeta: los incentivos.

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