Enfoque Internacional - Líbano: a un año del estallido popular que hizo caer el gobierno, el país sigue en crisis

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Hace un año los libaneses salían a las calles a protestar masivamente contra un sistema corrupto, servicios públicos inexistentes, una economía en decadencia y una clase política en el poder desde hace décadas. Con nuestra corresponsal en Beirut, Andrea Olea, y AFP. El 17 de octubre de 2019 miles de personas se manifestaban en un levantamiento sin precedentes en el Líbano en reacción a la decisión del gobierno de gravar el servicio de mensajería de WhatsApp. El mismo día, el gobierno eliminó su impuesto, pero era demasiado tarde. Fue la gota que colmó el vaso. Las protestas aumentaron contra la corrupción de sus dirigentes, un sistema estancado, con servicios públicos inexistentes, una economía en decadencia y una clase política que ha permanecido prácticamente inalterada durante décadas. De norte a sur, ciudadanos de todas las confesiones religiosas se rebelaban contra un sistema sectario y clientelar que les niega toda oportunidad de futuro. “No era como las otras revueltas, al menos al principio, eso es lo que nos hizo participar”, dice a RFI, Firas. “Empezamos a oír que estaban bloqueando carreteras fuera de Beirut y eso fue lo que nos emocionó a todos, el hecho de que todo el mundo estaba participando, gente de todo el país”. Las protestas masivas llevaron a la caída del gobierno de Saad Hariri, sumiendo al país en un limbo político del que aún no ha salido. Por el contrario, la situación se ha agravado hasta límites extremos y hoy Líbano atraviesa la peor crisis económica de su historia reciente: la devaluación de la moneda, una inflación galopante, desempleo y pobreza en aumento, sumado al avance de la Covid-19 y una brutal explosión en Beirut que dejó más de 200 muertos. Esta situación límite parece haber agotado las fuerzas de los libaneses, incluidos quienes luchaban por construir un sistema distinto. “Hay múltiples factores. Primero, la gente está arruinada. Después la policía nos disparó el día que fuimos a la calle a hacer un luto público por la explosión, y muchos de nuestros amigos quedaron realmente heridos”, dice a RFI la profesora de la Universidad Americana de Beirut y activista, Carmen Geha. “Siento que pedir a la gente que salga ahora a manifestarse no es suficiente”. Entre quienes salieron a las calles pidiendo cambio, muchos lo dan todo por perdido y han decidido hacer las maletas. “Los regímenes cambian, lleva tiempo, pero las cosas cambian”, dice Geha. “Creo firmemente que podemos romper la dinámica. Esperanza y dolor pueden existir al mismo tiempo, pueden coexistir. Estoy de duelo, entiendo el desastre y el momento actual, pero creo que hay salida, siempre hay una salida.” Líbano necesita urgentemente un gobierno que ponga en marcha reformas de calado para salir de la crisis. La salida del conjunto de la clase dirigente y la formación de un ejecutivo independiente y transitorio, que era uno de los reclamos de los manifestantes, todavía no ha tenido lugar.

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