Episodio 82 – Cómo dar ritmo a tu discurso con la enumeración.

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Por Óscar Fernández Orellana - Interacción Humana S.L. and Óscar Fernández Orellana descubierto por Player FM y nuestra comunidad - los derechos de autor son propiedad de la editorial, no de Player FM, y el audio se transmite directamente desde sus servidores. Presiona el botón de suscripción para rastrear cambios en Player FM o pega el URL del feed en otras aplicaciones de podcast.

¿Qué tal estás? Te doy la bienvenida al capítulo 82 de «Créeme lo que te digo» el podcast en el que tratamos todas aquellas cuestiones relativas al mundo de la persuasión, el hablar en público y, en general, ya lo sabes, las habilidades comunicativas necesarias para influir e impactar en los demás.

Estoy seguro de que un gran porcentaje de los oyentes españoles de este podcast de más de 40 años han cantado la canción de la intro mientras la estaban oyendo.

Es la canción de un mítico programa de cocina de los años 80, «Con las manos en la masa», un programa que presentaba Elena Santonja y que se emitió entre los años 1984 y 1991.

La canción está cantada por un entonces casi desconocido Joaquín Sabina y por un duo llamado Vainica Doble y se hizo hiperpopular porque el estribillo es absolutamente pegadizo y lo es gracias, precisamente, al tema del que vamos a hablar hoy: la enumeración.

Si no habías oído hablar de este programa te aseguro que es muy, muy difícil encontrar a una persona de mi generación o de la generación de mis padres que no sepan tararear la canción.

Bueno, una vez que me estoy hundiendo en la miseria por momentos al descubrir lo mayor que soy, vamos con el tema de hoy que como te he anunciado tiene que ver con un nuevo recurso retórico, la enumeración.

Vamos a situar la cuestión.

Como sabes hace algunos programas inicié un ciclo dedicado a las figuras retóricas, esos recursos lingüísticos que nos permiten que nuestro discurso cobre una mayor fuerza y un mayor impacto.

Inicié este repaso con el grupo de figuras que tienen que ver con dotar de un mayor énfasis sonoro a lo que decimos. Así que, en el capítulo 78 hablamos del subgrupo de las repeticiones y aquí incluimos las anáforas, la epífora, el quiasmo, etc. y en el capítulo 80, hablamos de la descripción, y te mostré figuras como la analogía, los símiles o las metáforas.

Pues bien, seguimos inmersos en el grupo de figuras retóricas que dotan de énfasis sonoro pero, en este caso, vamos a centrar el foco en las enumeraciones y el efecto que provocan en el discurso.

Qué es una enumeración.

Así que, primero de todo y como persona ordenada que soy, vamos a definir qué es una enumeración. Y la verdad es que no voy a descubrir el océano Atlántico; una enumeración es lo que ya conoces, un listado de cualquier tipo de cosas, de características, de detalles de cualquier asunto; una sucesión de acontecimientos o incluso, un listado de platos de cocina como en el caso de la canción de «Con las manos en la masa» que has escuchado en la intro del programa.

Como te puedes imaginar hay miles de ejemplos de enumeración en los discursos.

Valga, en este fragmento de un discurso de Kennedy que extraigo de la obra de Ricardo García Damborenea, «Figuras retóricas y otros ingredientes del discurso político», de la que siempre os hablo y que es la fuente principal que utilizo para preparar estos episodios.

Dijo JFK:

«Una generación dispuesta a pagar cualquier precio, soportar cualquier carga, sufrir cualquier dificultad, sostener a cualquier amigo, oponerse a cualquier enemigo.».

O éste otro discurso de Churchill el 13 de mayo de 1940 en la Cámara de los Comunes:

«Me preguntáis: ¿Cuál es nuestra política?. Os lo diré: Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar».

O éste de Barack Obama, el 8 de enero de 2008, en su famoso discurso del «Yes, we can», en donde dice lo siguiente:

«Son jóvenes y viejos; ricos y pobres. Son negro y blancos; latinos, asiáticos e indios americanos. Son demócratas de Des Moines e independientes de Concorde; republicanos de la Nevada rural y gente joven de todo el país que nunca había tenido una razón para participar hasta ahora».

Pero no sólo se enumera en los discursos. Los compositores de canciones también la utilizan. Por ejemplo, Enrique Santos Discépolo en su famoso «Cambalache», dice:

«¡Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor!…

¡Ignorante, sabio o chorro,

generoso o estafador!».

O el gran Sabina, una vez más, cuando en «Todos menos tú», dice:

«Nietos de toreros disfrazados de ciclistas,

ediles socialistas, putones verbeneros,

peluqueros de esos que se llaman estilistas,

musculitos, posturitas, cronistas carroñeros,

divorciadas calentonas con pelo a lo Madonna (…)».

Ay, qué grande Sabina.

Y ahora voy a bajar el nivel, voy a pasar de Sabina a la canción «No hay nadie como tú» de Calle 13. Esta canción dice:

«En el mundo hay gente bruta y astuta

hay vírgenes y prostitutas

ricos, pobres, clase media

cosas bonitas y un par de tragedias

hay personas gordas, medianas y flacas

caballos, gallinas, ovejas y vacas

hay muchos animales con mucha gente

personas cuerdas y locos dementes».

Perdóname por el bajón de nivel artístico pero a la hora de poner ejmeplos, no todos van a ser maestros de la canción.

La cuestión es entender para qué sirve la enumeración, qué efectos tiene en el discurso y, sobre todo, en el oyente, que, al fin y al cabo, es lo que cuenta.

Fundamentalmente, la enumeración dota de ritmo al discurso, es como si le diese un empujón rítmico y, al hacerlo, le imprime énfasis y contundencia. Solo hace falta que pienses nuevamente en los ejemplos de canciones que acabas de escuchar para darte cuenta de lo que digo.

Por otro lado, las enumeraciones también sirven para ordenar el discurso o el contenido de lo que expresamos. Cuando decimos primero tal cosa. segundo, tal otra y en tercer lugar, esto, también estamos enumerando. Así que, como ves, la enumeración no es algo forzado en nuestro lenguaje, todo lo contrario, es un recurso que todos utilizamos constantemente.

Y quiero hacer especial hincapié en la idea de ordenar el discurso porque el orden es imprescindible para persuadir. Al ordenar el contenido permitimos que sea más fácil de seguir por el oyente y lo que es fácil de seguir, es más fácil de comprender y lo que es fácil de comprender es más convincente. Así que todo esfuerzo que hagamos por ponérselo fácil al oyente irá en beneficio de nuestra capacidad para convencer.

Tipos de enumeraciones.

Vamos a continuar con las enumeraciones hablando de los tipos que hay.

A grandes rasgos, podemos establecer dos grupos: las enumeraciones simples y las enumeraciones complejas o distribuidas.

Es muy sencillo, ya verás. ¿Qué es una enumeración simple? Pues es aquella que únicamente explicita los elementos que la persona quiere mostrar; es aquella en la que las palabras indican las partes de un todo.

Por ejemplo, si digo que los ingredientes de una paella son:

  • 400 gramos de Arroz Bomba
  • 1 Kg. de pollo troceado
  • 500 gramos de conejo troceado
  • 200 gramos de judías verdes
  • 100 gramos de garrofó fresco
  • 100 gramos de tomate troceado
  • 6 cucharadas de aceite de oliva
  • Unas hebras de azafrán
  • Pimentón rojo molido
  • Una ramita de romero y
  • Sal

… estoy realizando una enumeración simple. Por cierto, no pienses que me sé de memoria los ingredientes de una paella, lo estoy leyendo de una web ahora mismo.

O, por ejemplo, si digo, »¿cuáles son los pasos para desmontar el argumento de una persona? Primero, identificar concretamente aquello que se quiere refutar, segundo, criticar aquello que crees que no es correcto del argumento del oponente y, tercero, explicar por qué la crítica que acabas de realizar refuta el argumento de tu interlocutor».

Esto también es una enumeración simple.

Pasemos al segundo tipo de enumeración. ¿Cuándo una enumeración es compleja o distribuida? Es muy sencillo también. Es compleja cuando a los términos de la enumeración le añadimos algún tipo de información más.

Por ejemplo, si digo «La curiosidad le estimula, el deseo le refuerza, la esperanza le alienta», estoy enumerando de forma compleja o distribuida.

O, si manifiesto que «Cristiano Ronaldo es el mejor jugador del mundo porque tiene la potencia de cien cañones, remata cualquier cosa que se le ponga por delante y tiene el carácter ganador de los grandes campeones de la historia» estoy enumerando de forma compleja.

Como ves, no tiene ninguna dificultad. Lo importante, más allá de que sepas distinguir entre las enumeraciones sencillas y las complejas, es que entiendas el poder que pueden tener para generar energía y dinamismo en el discurso, si la utilizas bien.

Cómo dar más énfasis a la enumeración.

Y para que te resulte más fácil conseguir este efecto, vamos a añadir a la enumeración, otros tipos de recursos y de figuras retóricas. Esto va a ser como añadirle sal al guiso, vamos a potenciar nuestro plato uniendo otros ingredientes a la enumeración.

La pausa y el silencio.

El primero de ellos no es una figura retórica como tal, sino más bien un recurso estilístico importantísimo cuando hablas en público: el silencio o la pausa.

Y es que enumerar no significa, necesariamente, explicar de forma rápida lo que quieres decir. Es más, introducir pausas o silencios dentro de la enumeración dota a lo que dices de intensidad y de intención.

Vamos a hacer una prueba. Voy a leer un pasaje con y sin pausas para que podamos apreciar la diferencia. Este párrafo está extraído del libro de Damborenea que os he mencionado antes.

Primero vamos sin pausas.

«Lo que dice usted de la economía no se lo cree nadie ni dentro ni fuera de España. No lo creen los españoles, no lo creen los empresarios, no lo creen los bancos, no lo creen las empresas extranjeras, no lo creen los organismo internacionales».

Ahora vamos a introducir pausas, a ver cómo resulta la diferencia:

«Lo que dice usted de la economía no se lo cree nadie ni dentro ni fuera de España. No lo creen los españoles, no lo creen los empresarios, no lo creen los bancos, no lo creen las empresas extranjeras, no lo creen los organismo internacionales».

¿Qué te parece? Al margen de mi habilidad para la declamación , no sé qué piensas tú, pero creo que es mucho más contundente la segunda versión que la primera.

Enumeración y anáfora.

En muchas ocasiones, la enumeración va unida a la anáfora, de la que ya hemos hablado. Recuerda que la anáfora es la repetición de una palabra al inicio de cada frase.

Cuando combinas ambas figuras retóricas, el discurso adquiere un ritmo y una sonoridad fantásticas y para demostrarlo voy a leerte un fragmento de un discurso de Luther King, no el famoso «I have a dream» del que ya he hablado en otras ocasiones, sino de otro llamado «He visto la tierra prometida», y que el doctor King pronunció en Tennesse, el 3 de abril de 1968.

En él explica un atentado que sufrió unos años antes a manos de una mujer negra que le apuñaló en el pecho. Esa puñalada estuvo a punto de matarle porque le rozó la arteria aorta, al punto que en su momento se dijo que si Luther King hubiese estornudado, hubiese muerto porque la convulsión del estornudo habría hecho que el filo del puñal rasgase la arteria.

Pues bien, en este discurso, cuando está explicando este episodio, King dice lo siguiente:

«Esta noche quiero decir que me alegro mucho de no haber estornudado. Si hubiese estornudado, me hubiese perdido los acontecimientos de 1960, cuando los estudiantes de los Estados del Sur empezaron a organizar sentadas en las cantinas de las universidades.

Si hubiera estornudado, no hubiese estado por aquí en 1962, cuando la población negra de Albany, Georgia, decidió ponerse en pie.

Si hubiera estornudado, me hubiera perdido los acontecimientos de 1963, cuando los negros de Birmingham, Alabama, alzaron la conciencia de esta nación y crearon la ley de los derechos civiles.

Si hubiese estornudado, no habría tenido ocasión, en agosto de ese mismo año, de intentar contar a América el sueño que tuve.

Si hubiese estornudado, no habría llegado a Selma, Alabama, para ver la gran movilización que estaba teniendo lugar.

Si hubiera estornudado, no habría estado en Memphis para ver cómo una comunidad se congregaba en torno a esos hermanos y hermanas que sufren.

Estoy contento de no haber estornudado».

Impresionante el discurso, sobrecogedor teniendo en cuenta que habla de su intento de asesinato, la noche antes de que lo mataran de unos balazos.

Date cuenta de cómo repite «si hubiese estornudado» antes de enumerar todos los acontecimientos que va narrando. El ritmo y la sonoridad y la tensión que alcanza el discurso es realmente magistral.

Enumeración y El asíndeton.

Otra de las figuras retóricas que pueden acompañar a la enumeración es el asíndeton, que no es otra cosa que la eliminación de la conjunción, de los nexos entre las palabras, habitualmente la supresión de la «y».

Un fragmento de un soneto de Lope de Vega nos muestra un ejemplo. Dice lo siguiente:

«Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso».

Date cuenta como el autor enumera una serie de estados sin incluir una sola conjunción, salvo la última entre «cobarde» y «animoso».

El efecto en el discurso es de aceleración, el de precipitación. Visualmente es como esos niños pequeños que echan a correr poco a poco y se van acelerando a medida que van dando pasos. Es como una especie de avalancha que se viene encima de los oyentes.

Vamos a ver otro ejemplo, en este caso de Kennedy en su discurso inaugural. Dice lo siguiente:

«Todas las naciones han de saber, sean o no amigas, que pagaremos cualquier precio, sobrellevaremos cualquier carga, afrontaremos cualquier dificultad, apoyaremos a cualquier amigo y nos opondremos a cualquier enemigo para garantizar la supervivencia y el triunfo de la libertad».

Hasta llegar a «y nos opondremos a cualquier enemigo» prescinde de la conjunción.

Otro ejemplo es el de Napoleón cuando al dirigirse a sus tropas dice:

«Vuestros padres, vuestras madres, vuestras esposas, vuestras hermanas, vuestras amantes se regocijan de vuestros triunfos».

Bueno, lo que quiero que percibas es el efecto de caos enérgico que la enumeración y el asíndeton dotan al discurso.

Enumeración y Polisíndeton.

Sin embargo también podemos jugar con lo contrario, con discursos con pausa y ritmo cadencioso y tempo calmado y acumulación sosegada cuando le unimos a la enumeración el polisíndeton, que es la repetición de la conjunción entre los elementos de la enumeración, tal y como yo acabo de hacer.

Como puedes ver, el polisíndeton es la figura contraria al asíndeton y, en cierta forma, sirve para generar el efecto contrario. Se produce una demora en la acción y una sensación de lentitud y de gravedad y de solemnidad, como acabo de hacer… otra vez.

Acabando.

Por lo tanto, y como puedes apreciar, la importancia de la enumeración se muestra, sobre todo, en el énfasis que aporta al discurso como consecuencia de esa cierta avalancha que se produce en el momento de expresar todos los elementos que enumeramos.

Por eso, es un recurso importantísimo cuando queremos amplificar lo que decimos y cuando pretendemos aportar energía al discurso, y cuando es nuestra voluntad ser claros y cuando deseamos aportar contundencia y claridad a la exposición.

Así que, aquí tienes un recurso más a añadir a tu colección para conseguir impactar con tus intervenciones en público.

En próximos episodios me ocuparé de otras variaciones de enumeración como las tríadas que, particularmente, me encantan por la sonoridad que ofrecen pero, por hoy lo vamos a dejar aquí, hasta este punto llegó el episodio 82 de «Créeme lo que te digo».

Ojalá haya conseguido despertar tu interés, ojalá lo pruebes y, desde luego, ojalá que te resulte útil porque ese es el objetivo de este podcast.

Ah, y si tienes a bien regalarme 5 estrellas en Apple Podcast o un «me gusta» en la plataforma desde la que me escuches, te estaré muy, muy agradecido.

Nos escuchamos dentro de 15 días en el episodio 83 de «Créeme lo que te digo».

Hasta entonces, hazme un favor, sé convincentemente feliz.

Hasta luego persuasores.

Óscar Fernández Orellana

70 episodios